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Revistas y mercados viejos

Enviado por Sebastián J. Echeverría el 06/07/2010 a las 17:04

¡Qué típico es toparse con revistas viejas en las salas de espera! En las consultas de los dentistas, por ejemplo, nunca vas a pillar una revista que no pase de los dos o tres años de antigüedad. El escándalo de Fernando Solabarrieta e Ivette Vergara aún es noticia entre niños con frenillos y ese ruido infernal que hacen los taladros. En las oficinas, la cosa no es muy distinta, los números se van acumulando y uno nuca sabe de qué fecha es la revista que tomó.

Ayer tomé una revista Wired, la tomé por lo que decía en la portada:

El renacimiento de la música.
La radio apesta. Los sellos son lamentables.
Ahora, las bandas se toman el poder y los fans obtienen lo que quieren.

Wired-sept-2006.jpgÉsta es el número de septiembre de 2006 y el artículo sigue plenamente vigente.

El asunto es el siguiente: la industria de la música ha sufrido una gran revolución en la última década. Ya nadie compra los discos para escuchar la música, ésta se copia y se descarga gratuitamente (de manera legal o no) en Internet. ¿Cómo hacen dinero, entonces, las bandas? ¿De qué viven los músicos? Éstas son preguntas que el mercado musical ha intentado contestarse desde que, tras la derrota de Napster en 2001, cacharon los usuarios no volverían nunca a comprar discos como lo hacían hasta la década de los noventa.

El artículo de Wired –que es en realidad una serie de artículos– detalla la estretegia artística y comercial del décimo "álbum" de Beck, Guero, que fue editado en varios formatos; relata cómo Terry McBride, CEO de Nettwerk Music Group –una agencia de marketing musical canadiense–, se ha dedicado a revolucionar las estrategias de promoción para vender música y no pedazos de plástico; releva también como You Tube cumple hoy el rol que hace quince años cumplía Mtv, entre varios otros casos de nuevas alternativas de comercialización de la música.

En Chile, como ya deberíamos estar acostumbrados, no vamos a la vanguardia. Los sellos y la SCD libran diariamente una lucha contra a piratería, lo que implica una búsqueda por mantener el estatus quo del mercado musical chileno. Y en este punto cabe hacer un comentario clave: el mercado artístisco musical chileno es deficiente. Es, por defecto, un mercado pequeño y además es muy permeable a lo extranjero. Por ende, las oportunidades de las musicos nacionales son escasas y tanto las decisiones políticas como las comerciales reducen estas oportunidades a su mínima expresión.

Las nuevas bandas, ésas que tratan de levantar cabeza, en este modelo pre-Napster que aún rige en nuestro país, son las que se hacen cargo de este desafío.

El otro día conversaba con una banda amiga acerca de cómo pretendían hacer dinero. "No pretenderán ganar plata vendiendo discos", les dije, y se sonríeron diciendo "sabemos que la cosa no funciona así". Sin embargo, la pregunta aún está sin contestar. Más allá del corte de entradas y de la venta de merchandising, existe la posibilidad cobrar por los derechos de autor en radio y televisión, pero ése es un mercado que controlan los sellos y estas bandas son, en su gran mayoría, independientes.

La clave está, entonces, en generar audiencias. Darle al público lo que desea y rentabilizar de maneras que hasta hoy nadie ha pensado todavía. Vivir del trabajo y no de los derechos es una premisa de la mayoría de los mercados y cuando un rubro es así de inestable, en el que nadie sabe muy bien qué hacer, la innovación y el riesgo son necesarios. No hay que perder tiempo remando contra la corriente: las canciones regálalas y busca incesantemente ofrecerle cosas nuevas a tus fans.

El artículo que el 2006 publicó Wired puede servir como una buena fuente de inspiración.

El Mundial es un Carnaval

Enviado por Sebastián J. Echeverría el 16/06/2010 a las 17:31
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chile_sudafrica2010.jpg

El Mundial nos tiene a todos locos. Los que nunca ven fútbol, hoy sí gritaron gol cuando Beausejour empujó la pelota al fondo del arco. Incluso los que ni siquiera vieron el partido, aprovecharon el desayuno en la oficina o, simplemente, disfrutaron de las calles descongestionadas para variar. La mayoría de nosotros estamos pendientes de los goles, de las lesiones y –como les gusta decir a los periodistas– de todas las variantes de la cita planetaria.

El rol que cumple el Mundial a nivel sociocultural  es clave. Junto con otros grandes eventos, es lo que le permite al sistema funcionar: es un carnaval. Éstas son las instancias en las que todas las personas somos iguales, cuando un único grito ahoga nuestras gargantas y nos abrazamos sin importar quién es el jefe.

Los carnavales existen desde siempre. En la época medieval, se coronaba rey al bufón y el señor feudal era uno más del pueblo. Hoy, el ídolo máximo es un niño de 22 años que nació en Tocopilla y el Presidente ve el partido con los damnificados en Dichato. Durante 90 minuntos, el orden social se anula y la autoridad cambia de manos. Es la ex presidenta Bachelet la que se encuentra en Sudáfrica y “se toma” La Moneda a través de la pantalla gigante que se instaló en la Plaza de la Constitución. En las oficinas, no hubo reuniones ni llamados telefónicos; y en los colegios, no hubo clases. Alumnos y profeseros, gerentes y empleados se reunieron frente a un televisor para ver juntos el mismo partido y celebrar el mismo gol. En esta instancia, aquél con el trabajo más humilde puede levantar in ce hache i y ser el líder de un grupo de personas durante un momento. Pero, tras el pitazo final, todo vuelve a normalidad: el jefe vuelve a su oficina, la secretaria se sienta en su escritorio, el alumno se duerme en su pupitre y el cajero se instala tras la ventanilla. En fin, todos y cada uno vuelve cumplir la función que cumplimos todos los días.

Así, los carnavales sirven para mantener el orden establecido. Funcionan como liberadores de presión, crean una ilusión social de igualdad que libera y permite que el resto, que la mayoría, del tiempo unos puedan subyugar a otros y el sistema social funcione como lo conocemos.

Avisos

Apuestas

Enviado por Sebastián J. Echeverría el 10/06/2010 a las 19:30

Ésta es mi apuesta. Humildes 10 lucas y media al resultado exacto de cada partido, con un sistema de puntos (medio complicado).

Hazle click si quieres ver la imagen en grande.

 

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Muchos goles, Chile en semifinales y España campeón.

Publicidad mundialera (repetida)

Enviado por Sebastián J. Echeverría el 08/06/2010 a las 19:49

El Mundial está que comienza y, como siempre, la publicidad de todas las empresas (sean auspiciadores o no) gira en torno al Mundial. Gira en torno al Mundial aquí en Chile y en todas partes donde el fútbol es relativamente importante y con mayor intensidad en aquello países que lo jugarán.

El Mundial es un fenómeno global –obvio, si por algo se llama "Copa del Mundo"– y la publicidad parece no hacerse cargo de eso. Conocido es el comercial de Leshoto, ése en el que un grupo de hinchas parte a este país con pinta de quiste, en el medio de Sudáfrica, con "2 millones de hinchas disponibles" para apoyar a la selección. El mismo comercial se repite en Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Asimismo, recordarán ese gran comercial donde todos juntos hinchaban por su selección al ritmo de We didn't stop de fire del excelente Billy Joel para el Mundial de Alemania 2006. Este comercial lo dieron en México, Costa Rica, Brasil y Argentina. Chile y Uruguay nio jugaron ese Mundial, así que debe haber tenido mucho sentido. Pero sí lo jugaron Ecuador y Paraguay, aunque no encontré registro de este comercial en versión para esos países.

Hay otros comerciales que son defiitivamente los mismos. Además, de Coca Cola, marcas como Nike o Pepsi también hacen publicidad a nivel global, eso sí, con exactamente el mismo comercial, aprovechando los contratos millonarios con las estrellas más grandes del fútbol.

Sin embargo, para mi gusto, los mejores son los locales. Ése en el que Dios le habla a los argentinos o aquél donde argentinos se comparan con los europeos y viceversa, son grandes de ejemplos.

En Chile, no hay ninguno que destaque. Son todos cebollentos, arengas poco creíbles y poesías arjonezcas. Pero (sí, hay un pero), hay dos comerciales futboleros notables, aunque son de la época de las clasificatorias:

Canción Patriótica Nº 2

Enviado por Sebastián J. Echeverría el 03/06/2010 a las 10:13

Siguiendo con los early demos, hoy voy a escribir un poco más en serio.

Me llegó un link el lunes, de un artículo del diario Las Últimas Noticias de Venezuela, donde se habla de un archivo musical que encontraron en la Bibliteca Nacional de ese país. Éste contenía una composición rotulada "Canción Patriótica Nº 2", lo que era nada menos que una de las opciones que barajó el Gobierno venezolano para ser el himno nacional de ese país.

Los músicos se pusieron a trabajar para reconstruir e interpretar esta opción y se encontraron con una tremenda sorpresa. Póngale play:

Sin lugar a dudas, ésta es la canción nacional de Chile.

Ahora, la historia señala que la música fue compuesta por Ramón Carnicer, músico español, en 1828, mientras que la letra fue escrita por Eusebio Lillo en 1847, cuando se oficializó esta canción como el himno nacional de Chile.

Por otro lado, la Gloria al Bravo Pueblo –éste es el título de la canción nacional venezolana– fue compuesta en 1810 y no fue adoptada como tal hasta 1881.

Todos éstos son lo años de Andrés Bello. Hombre insigne del proceso de institucionalización de Chile y de origen venezolano, por lo que las teorías apuntan a la mano de Bello para explicar cómo una composición que se barajaba como una posibilidad para convertirse en el himno nacional de un país, terminó siendo la canción oficial de otro.

Obviamente, no es una coincidencia.

Los músicos investigadores venezolanos, según cuenta el columnista Eleazar Díaz Rangel:

El caso es que le escribieron a varios músicos en Santiago y a la Biblioteca Nacional y no han encontrado ninguna respuesta que demuestre algún interés por aclarar la dudas que aparecieron junto a la partitura igual, pero muy anterior, al himno nacional chileno. Es raro que los chilenos no tengan ningún interés en despejar esas interrogantes.

Sería bueno escribir esta historia...